Allí dijeron que crecían árboles frondosos y fuentes
incansables de agua, transparente como aliento convocado
tras la huída de la niebla. Y que una extraña planta de
aspecto nacarado producía el sueño de la verdad, con sólo
tomarla cruda, tan dulces sus hojas. Pues no basta con el
deseo para regresar sin el recuerdo de las lanzas. Que de
la herida brota una y otra vez la misma sangre. Un velo
cubre nuestros ojos. Es temprano para la partida y demasiado
tarde para el descanso. El ruido se extiende por laderas y
acantilados. Somos hombres que inmortalizan el ridículo
y derriban setos de alabastro. Oh, extraña sierpe de doce
ojos y afilada lengua. No es necesaria tu presencia para el
misterio, ni siquiera tu cavernosa voz para la muerte.
Texto: Adolfo Marchena de "El sueño de la razón"
Imagen: Adolfo Marchena
(*) Esquilo
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
Marchena, siempre un gusto leerte.
Hoy estoy un poco resfriada, me duele toooooooo y mi cabecita no da más. Ya pasará este virus. :(
Besitos.
hola adolfo querido, he vuelto, con poco y de a poco, pero volviendo al fin. pasate por mi espacio
abrazo grande