Alguien lee en Dormund pequeños artículos. Condensación de palabras. El humo se filtra entre las páginas. Diríase que se trata de un cerebro agrietado, el libro. Alguien lee en Dormund con un esguince de tobillo. Llega el conversador de las peceras y saluda. Lo más cerca que estuvieron de Africa es un plano amarillento del siglo XVII. Pudo ser ayer, cuando a las bombas de racimo les aplicaban el término “daños colaterales”. Lo más cerca que estuvieron de la jungla fue en un documental sobre la guerrilla castrista. Pudo ser ayer, cuando cinco señoras comparaban precios. Sardinas frescas y solomillo de primera. El humo lo condensa todo; el del tabaco y el del café. La camarera siempre pone, en plato aparte, un trozo de bizcocho. Alguien ha dejado de leer en Dormund pequeños artículos y conversa con el hombre de las peceras. El hombre del esguince muestra su tobillo al mundo. También son efectos colaterales; una puta alcantarilla desencajada sobre las baldosas de una ciudad del siglo XVII, mentalidad europea y chaqué de entreguerras (lo llaman crisis). El hombre de las peceras y el hombre de los pequeños artículos se despiden mientras los operarios buscan la alcantarilla desencajada sobre las baldosas de una ciudad…

Texto e Imagen: Adolfo Marchena