La necesidad de que no tiemblen las ramas cuando la hojarasca se mece.
Baja el río, en la constante cíclica del porvenir.
Un enfermo de hachas en la cadera, de insomnios indelebles.
La palabra meces todas las cosas defectuosas, perfectas, la ambigua necesidad de ser entre los campos de trigo.
Texto e Imagen: Adolfo Marchena
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