En la arboleda solo con la única presencia

del sonido. Un recuerdo doloroso de pérdida

arriba al costado como púa de rosal herido.

Es el pájaro que asustado contempla la nube

que arroja su sombra. Es el triste sonido de

tu nombre asesino. Es el dulce sonido de la

yerba sobre el costado desnudo, de caricias

hambriento. Perdidas, lejanas, en hogueras

nocturnas bajo el techo de una cabaña en

la tierra que tú arrasaras. Oh frívola Arne.

(*) Emily Dickinson

Texto: Adolfo Marchena

Imagen: perrodelcielo