Trato de interferir en lo más profundo de todo, busco

la tarde no encontrada por pintores que mezclaron

la doctrina de sus colores, que me doten del llanto

y la sonrisa al mismo tiempo, balanza que sostenga

los dos mundos de mi cuerpo para soportar la

arcilla que me cubre. Decir directamente sin el doble

juego de palabra, sin la imposición a que me

dictan vuestras normas, pero ante la siguiente

plantearse lo abyecto No es bueno detenerse a

beber en el mismo río pero sí amar a la misma

mujer, por eso no amo a ninguna. Es la única

manera de no engañar a nadie, de no engañarse

a uno mismo. Alguien vendrá a decirme lo contrario.

Mañana, tal vez mañana, recién despierte, toquen

a mi calendario con un ramo de escaramujo y eso

me haga recordar que una vez amé lo inalcanzable.

Texto e Imágenes: Adolfo Marchena