Balanza quieta, muda, en el barco de tu vientre,

anclado, ilusorio, vago, inútil, varado en las orillas

de tu pescante. Borracho el día que llegué al mástil

de tu frente. Lujurioso, enfermo de hipnosis, más

ojos, más relieves, anclado a tu bodega, más vino

y recalar, depués del sueño, esteparia resaca para

despertarse un día, dulce Chavela, y recostarse

y tocarse los huesos y hundirte en tu cabeza

más allá de tu cabeza hasta llegar allá donde la

tierra no permite laberintos ni zozobras.

No más alejarse de tu propia indecisión, de tu

propia decisión, de tu certero recordar que lo

único que sabes hacer es, simplemente, escribir.

Texto e Imagen: Adolfo Marchena