Amantes de cercanía como trenes

anclados a una mesa de siete patas.

Olvidadas de ser, de sentir, de vibrar,

de tocar las cosas que tienen nombre

y no tienen nombre. Amantes certeros

que indagan pasados y buscan llaves

de puertas cerradas. Nadie es perfecto.

Es perfecta la piedra, el humo, la llama.

Más allá el verde esmeralda de unos ojos

que proclaman esperas, sentencias opacas

antes del alba. Todas las mañanas

esculpen un nombre y los relojes se paran

en esquinas aturdidas. Amantes que fingen

cultura, barbarie, dominio, relojes adormilados.

No es de nadie el tiempo ni la mañana.

Texto e Imagen: Adolfo Marchena