se apoya sobre
el pecho
de una monja
la pluma
de una rapaz
el candado
de una verja
ya oxidada
el cirio mojado
de entrepiernas
cuya cera
todavía caliente
se desliza
y pienso qué
y digo qué
me apoyo en
la farola
vomito mi cerebro
celebro que te
alejes
o que digas
te invito
a expresarme
lo que piensas
enséñame
tus piernas
lameré tu cuello
enséñame tus uñas
limpiaré tu suelo
y pienso qué y digo qué
no hay nada más
o puede con sólo
mirar a un lado
dejando
banderas torpes
barricadas
en las muñecas,
muñecas
sin cabeza
y digo que
mañana
será temprano.
Texto e Imagen: Adolfo Marchena
« LOS FALSOS PACIFISTAS | Inicio | YO DECLARO »
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados