Podemos preguntarnos qué sentido tiene un título que tal vez nos sugiera y al tiempo nos conduzca al despiste, ya que no observamos relación entre un aspecto y otro. Nos han enseñado, en un intento de educación, que todo ES o debe SER lineal en esta vida. De modo que quien traza una parábola o camina dando saltitos sin encontrarse embriagado sobrepasa los límites que marcan las normas impuestas o establecidas, como gustan decir. Ocurrió, por poner un ejemplo, con los hippies, que eran mal considerados por su vestimenta, sus melenas o su manera de vivir y pensar. Sin percatarnos de que vivir conlleva convivir. Una cuestión que parece tonta si se dice pero no cuando se olvida. Convivir con uno mismo y con los otros, donde debiéramos incluir a la fauna y las piedras. Trataré en este poliedro de encontrar la linealidad entre la música y el aloe vera, (que bien pudo ser el poema y la orquídea) esa planta milenaria que ha sido utilizada a lo largo de la historia por sus propiedades curativas. Pero para llegar hasta dicha planta he de comenzar por la música y bajo este pretexto narraré una porción de la mañana.
Acostumbrado a madrugar sin el requisito del molesto despertador, fumo un cigarro mientras miro al techo y una vez apagado, en un acto que puede resultar contradictorio, salto de la cama para hacer mis ejercicios. No por lucir si no por mantenerme en forma, que los años pasan y los músculos se agarrotan. Además de ser una buena manera de despertarse del todo, removiendo las legañas. Luego el agua hace el resto junto al corte que te deja el afeitado. Suelo trabajar hasta las once o las doce, con un cierto nihilismo, preparando un texto, corrigiendo, esbozando un artículo, leyendo... Y acostumbro a dar mi paseo matinal que siempre me proporciona algún nuevo acontecimiento. En esta vida o en cualquier mañana, me he fijado que las personas no se detienen ante nada, salvo los escaparates. Caminan rígidas, como con prisa, y si miras apartan su mirada. Considero que quien se mira a los ojos nada tiene que ocultar si bien es cierto que todos guardamos algún tesoro ya que nunca sabes dónde se oculta tu enemigo y darle demasiadas pistas supone dejar al descubierto al rey, adelantando todos los peones innecesariamente.
Busco en la mirada
una fuente de conspiración
hacia eternas
luciérnagas que una noche
proyectaron su extremo
azulado en mi andar
quebrado.
La conspiración
de los enigmas
en pupilas
que rezan a escondidas.
Esta mañana debía ir a Correos para enviar unas cartas, todavía conservo esa vieja costumbre. Esperé en la cola donde me di cuenta de que no llevaba conmigo ningún libro y de que también había olvidado mi bolígrafo morado. Sólo tenía mi libreta. Qué poco me gustan las esperas. Contemple la estructura, el techo artesanado hasta que llegó mi turno. Regresaba cuando una persona sentada junto a una bicicleta con alforjas, me pidió un cigarro. Le di el paquete ya que sólo quedaba uno. No quería aceptarlo pero le dije que tenía que comprar de todos modos. Me ofreció un trago de vino, que rechacé amablemente y quiso darme una naranja pero le dije que él la necesitaba más. Me agradeció lo que para mí suponía un simple cigarro. Pero recuerdo ocasiones lejanas en las que tenía ganas de fumar y nadie te ofrecía ni siquiera una colilla. Me dijo que estaba descansando, escuchando a otra persona de la calle que tocaba el acordeón, a pocos metros. No saqué, en esta ocasión, ninguna fotografía. Alguna vez me han preguntado de qué manera o cómo obtengo las imágenes. A pesar de no contar con una buena cámara trato de exprimir al máximo la realidad cotidiana. No todo depende de un buen equipo, es necesaria cierta perspectiva, una mirada de búho. Busco la naturalidad, los rostros en estado puro, el gesto, las arrugas en el entrecejo, no el retrato propiamente dicho, respecto a las personas ya que también fotografío perros y otros escorzos. Esto sería otro poliedro. En esta ocasión no vi necesario inmortalizar ese instante porque ya existía un vínculo, un movimiento previo y considero que con la breve descripción sobra, dotando además de un mayor valor a la imaginación. Y lo explico. Cuando proseguí mi camino después de desearle suerte un músico cantaba en italiano acompañado de su guitarra. Me sorprendió su aspecto elegante, recordándome a algún personaje literario. Dejé algo en su cesto. Mientras escuchaba saqué la cámara y quité el flash. En ese momento sí fotografié, ante la naturalidad de la escena. Cuando terminó la canción se acercó y me pregunto si podía ver las fotos. Se las mostré en la pequeña pantalla y de este modo entablamos conversación. Estará por aquí sólo unos días. Me preguntó que tipo de música me gustaba y cuando le dije que al escribir acostumbro a escuchar música barroca, extrajo de una pequeña bolsa una flauta de plástico de tres piezas, que montó, dedicándome a continuación un solo de flauta de Bach. Al concluir me dijo que no sonaba demasiado bien ya que la flauta debía ser de madera. No obstante le dije finale allegro. Nos presentamos y estrechamos nuestras manos. Su nombre Leonardo, el mío ya se sabe. La gente transitaba igual de urgentemente y cuando me alejaba volví a escuchar el sonido de la flauta. La guitarra reposaba contra la pared. Y he aquí el comienzo que titula este poliedro. Leonardo, cantautor, me recordó a otro músico que también toca por la zona, en su caso música blues, quien con la ayuda de amigos ha publicado un cd, por supuesto no comercial. Es la música de la calle.
Me encaminé hacia esa tienda, cuya dueña conozco desde hace ya un tiempo, donde venden velas, inciensos, vestimenta de otros continentes, sobretodo de Latinoamérica, y un sin fin de objetos, también de la zona de Japón o China. Todo ello forma un escenario de color y variedad; estatuillas budistas o africanas, tambores, arcos y flechas, atrapasueños… Antes de llegar, mi memoria se plantó frente a la realidad y me trajo un pensamiento que casi tarareé antes de salir de casa.
la araña es muy pequeña
pero sabe que hay objetos
más pequeños
esta noche se acostó
en mi cama
tal vez buscando
mi sangre
o un poco de calor
al hacer la cama
vi la pequeña araña
aplastada
había muerto felizmente
pensando que algo
más pesado
y más grande
la había arropado
pero que ese objeto
más grande o
más pesado
no era nada
porque también él
podía quedarse dormido
bajo otro objeto
más grande
Y considero que va siendo hora de concluir lo que he tratado de confeccionar en este poliedro donde comencé hablando de la linealidad, haciendo referencia a la cotidianidad de la mayoría de las personas. Fui a ver a mi conocida amiga,ya que la tarde anterior le había hecho una visita para saludarla y le dije que no había visto hasta entonces incienso de aloe vera. Me habló de sus propiedades, cómo se aplicaba en una quemazón o lo utilizaba como hidratante. Cortaba una de las hojas ya grandes y las troceaba guardando el resto envuelto en papel de periódico, dentro del frigorífico. Y ya que sus plantas habían tenido hijitas me preguntó si quería alguna. Por supuesto, la jardinería es otra de mis aficiones. Y cuando llegué ya tenía preparada una bolsa con cinco pequeñas aloe vera. Tuve que adquirir tierra para tanta planta. Y tendré que modificar algunas cosas para que se encuentren cómodas, con la luz adecuada.
Ya regresé. Ya volví a escribir. La mañana se había despejado y el cielo apenas mostraba nubes. Pensé, en tan poco tiempo puede acontecer cualquier cosa, cualquier situación, sólo tenemos que detenernos un instante. Son demasiados los detalles que nos pasan desapercibidos pero siempre estaremos a tiempo de cruzar alguna palabra aunque sea entre un italiano y un español donde él sabe poco castellano y yo poco italiano. Pero de alguna manera dos desconocidos transmiten un mensaje mientras el resto de las personas mantienen su paso rígido y firme, como en un desfile militar, únicamente desgastando las suelas de sus zapatos.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados