Como persiana muda de cortinas

afeitadas por el humo, salir a la intemperie

cualquier domingo donde las misas

son tardías y los adoquines aún bostezan.

Encontrar la ausencia de los tacones que

repicaron en la noche, las suelas de zapatos

atrapados por el vómito reciente de mil

copas de aguardiente, en un chop-chop

bailando con el clac-clac de los tacones.

Un baile pegado, arrimándose los cuerpos

de las costuras. Nadie más que tú en la

avenida, en un hablar con las persianas

metálicas cuando el amanecer está cerrado.

Cerrado como muesca en la culata

de un revolver, regresando de artificios

en un intento de aproximación a la causa

impropia de la bala herida. Dormitan

en camas paralelas bajo el olor a formol

casi cadáveres pensando aún, entre

un pasado y un presente de jeringuillas

y goteros, pensando dónde quedó

la bifurcación aquella mañana en que

no se escuchaba al usurero, donde no

se temía resbalar ante tanto barro tras

una lluvia mezclada con cenizas. En sueños,

sólo en sueños aquel amanecer cerrado,

buscando un camino sin brújulas ni norte.

Texto e imágenes: Adolfo Marchena