De hojalata, cartón o goma espuma

de aprendices de talleres como

mecánica en el carburador de un verso.

Alejandrino con la cuenta silábica

de los dedos perdiendo el tiempo

perdiendo el tacto que otra piel requiere

no sólo los ojos, no sólo el oído.

Escuchar la tormenta en la tarde

de tus muslos.

El

poema

ha

de

ser.

Se rompió el poema en cinco versos

de artículo verbo y un sustantivo

que pudieron unirse como cadenas.

¿Dónde está el poema?

Todos vinieron a decirlo a contar

con los dedos y acotar el sexo

contenido o el llanto de un bebé

negándose a tomarse el biberón

porque el poema no ha de ser

como tampoco la leche en polvo.

Texto e imágenes: Adolfo Marchena