Mucha gente escribe diarios (los acontecimientos del día, pensamientos, anhelos…) personas de todas las condiciones, incluidos los escritores. Hoy me apetecía retratar mi día, este domingo donde me he despertado como siempre, temprano. Eso no cambia, aunque sea domingo, y los comercios se encuentren cerrados y los cafés abran más tarde. Después de asearme, me he sentado a repasar francés, un idioma del que he perdido la soltura que tuve en su tiempo, hace más de una década cuando, entre otras cosas, estuve en París junto a mi mentor, José Luis Pasarin Aristi. Se nos ocurrió la brillante idea de llevar la revista Amilamia, que por aquel entonces coordinábamos los dos a la Sorbona. Fueron cuatro días intensos. Nos alojábamos en un pequeño hotel de Montmartre y personalmente disfruté del Barrio Latino. Pero no quiero desviarme. Aunque en mi página de Literatura incluyo géneros variados, nunca me he acercado al terreno del diario personal. Mando a la directora de Perrodelcielo este texto que en mi variedad, donde están los gustos, se me antoja nuevo. Me ha venido, creo que a la parte izquierda del cerebro, después de ir al mercado medieval, que cada año se celebra por estas fechas, dado que opino no es sólo un retrato diario sino un espejo, o una sombra que se proyecta. Allí se me ocurrió, como digo. No soy dado a hablar de los sentimientos y lo digo porque en muchos blog, cuando he tenido tiempo y he podido echarles un vistazo, sus creadores hablan de si mismos con total naturalidad. Mi pretensión es narrar o describir. Todos los días no son iguales, ni todas las personas. Nos convertiríamos en una calcamonía de nosotros mismos o seríamos uno solo integrados en un huevo de Pascua. Después de mi estudio he desconectado la música. Me gusta escribir con música de fondo. Así que saqué el cd de Bach y Schütz, una recopilación de motetes, y me cambié de ropa para salir a la calle. No suelo ponerme colonia. Me basta con una buena ducha y un poco de aceite corporal. Si bien mi madre me regaló recientemente un frasco de colonia de Antonio Banderas. Supongo que me durará medio año. Al salir a la calle y a pesar de que eran las once, el bar que suelo frecuentar, donde por las mañanas tomo una menta-poleo y ojeo la prensa, tras haber escrito, se encontraba cerrado. Seguí avanzando al otro café, cercano, sólo doblar una esquina y tampoco habían abierto. De modo que subí por las escaleras automáticas que conducen a lo alto del casco viejo de la ciudad, donde los puestos ocupaban varias calles. Tranquilidad. Miraba y sacaba alguna fotografía, con una cámara digital muy mediocre. Mi equipo reflex, ya en desuso, reposa en lo alto de una estantería. Si en la próxima exposición vendo un cuadro compraré una buena cámara, que al menos tenga zoom y mayor calidad. Las escaleras me dejaban cerca de un pequeño parque donde había ocas y burros. Acaricié a uno de ellos, su cabeza y el cuello, mientras un padre le decía a su hijo que no lo tocase, que igual mordía. Cuando regresaba vi la fila de burros sobre los que cabalgaban niños y niñas. Puestos con comida, postres, quesos, grandes hogazas de pan sacadas del horno o embutidos de diferentes partes de la geografía. Las culturas se mezclaban. Té moruno, muy azucarado con hojas de hierbabuena. Orfebrería, inciensos, música medieval, espadas, minerales…
Miraba y captaba a través del visor los gestos de las personas, ataviadas con ropajes de la Edad Media. Me gusta fotografiar a las personas, sin que se sientan observadas con el único fin de que no cambien la expresión. Es como cuando vamos a sacarnos las fotos para el carnet y ponemos cara de langostino. Trato de retratar lo cotidiano y generalmente lo hago en sepia, a la manera en que lo hacía el fotógrafo francés de origen Húngaro Brassäi, allá por los años treinta, cuando conoció a la Generación Perdida, fue íntimo de Henry Miller, también de Picasso y tuvo contactos con los surrealistas. Pero, como en todo, cada uno tiene su estilo. Ya de regreso encontré un café abierto y tomé una menta-poleo. Quedaba libre el periódico deportivo. No soy adicto a ningún equipo de modo que los resultados de los partidos me son indiferentes. Tras coger la prensa que hoy venía con un elegante libro de arte como promoción, regresé a casa con la intención de trabajar, como suelo decir. Tenía esta idea in mente, la arrastraba.. Ante la ya anunciada I Convocatoria-Antología Literatura, debía mandar unos correos. Ultimo los detalles al respecto y ya he recibido algún texto que voy archivando en carpetas de cartón. El resto es esperar a que sigan llegando textos. Saqué antes de tiempo la gacetilla, como me dijo Héctor desde Argentina. Es el jefe de redacción de la revista que lleva la Asociación Cultural SESAM. Tenía intención de seguir mirando las diversas noticias que me han ido llegando de diferentes países sobre el recientemente fallecido Kurt Vonnegut, sobre quien quiero escribir un pequeño ensayo. Saqué de uno de los cajones de mi escritorio el último poemario que he escrito y que titulo La reconstrucción de la memoria y justo había a comenzado a leer Y FUE CUANDO DIJERON.
os daremos una
ración de latas
y en su interior
encontraréis
la duda o
puede ser
que al abrirla
halléis
sardinas en aceite
petróleo derramado
sepulcros perdidos
amor inconstante
o un átomo
de silencio
necesario
en la búsqueda
de la memoria…
En ese momento sonó el teléfono. Era Soledad, la escritora que dirige el blog de Perrodelcielo. Estuvimos charlando como media hora sobre una y mil cosas. Media hora que puede dar para mucho o quedarse en nada. Luego colgué y le envié el reportaje que hice del mercado y este texto. Nunca me publica lo que no le gusta, en eso es exigente, lo cual a mi entender es necesario. Y, como siempre, me dieron las cuatro escribiendo. Preparé la comida. Algo que me relaja. Suelo probar con nuevas recetas. Supone otro tipo de arte. Aunque si no hay tiempo un huevo frito alivia el hambre. Lo importante es tener comida y que los grandes imperios no arrojen al mar los excedentes mirando de reojo la hambruna de muchos países que, dicen-proclaman, tercermundistas. En ese sentido soy el tercermundista de mi propia alma. A mi se me da mejor escribir con hambre y después de comer acostumbro a tumbarme un rato que aprovecho para leer y relajar la espalda. Y como nadie lo sabe, ni yo mismo, cuando vuelvo sigo creando. Un corto paseo donde respirar el aire del exterior y encontrarte con algún viejo rostro conocido. Es un programar tu existencia, pero día a día, puesto que mañana no sé que pasará. Ni siquiera la lectora de cartas supo adivinarlo. Pero el día terminó bien, miré las películas de la noche. De vez en cuando emiten alguna de interés. Y de ahí al sueño, donde anoche soñé con violines. Esta noche, supongo, soñaré que estoy en el medievo, aunque al despertar no lo recuerde.
en mi pueblo también hacen algo parecido, a veces pasean un oso y todo...
tus fotos estupendas como siempre y como siempre vas de un lado para otro pensando y pensando!
Hey que hermosas fotografia y costmbres en tu localidad. Ocas te refieres a los patos verdad.
Ahora sí que me quede diciento What?! Entonces el blog de PerroDelCielo son varias personas pero una es quien lo maneja.
Bueno, me despido y hasta pronto.
En un pueblo de por aquí cerca también suelen poner uno casi al final del verano....mi marido y yo disfrutamos como niños....un abrazo