No seremos tanto tiempo.

Nos envolverán las horas

y su quimera y entonces

buscaremos la brevedad,

aquella que nos parecía eterna.

Componemos la eternidad

y la demencia

en un abrazo mitológico,

largas cortinas de humo

traspasadas con el beso.

Nos forzamos en el río a flotar
como colchones,
nos miramos a hurtadillas
antes de que el agua
nos cubra.

Qué serenidad, entonces,

en todos nuestros gestos,

sin percatarnos de nada,

de los baldíos reclamos

del infierno.

Texto: Adolfo Marchena
Imágenes: elperrodelcielo