Recuerdas, sonaba serenade for string

orchestra op. 48 y Tchaikovsky parecía

tan cercano, como enterrado en el mismísimo

Croast Rom. Doscientas guitarras españolas

sepultadas con Andrés Blanco, arponeadas

más de cien por los garfios de piratas y corsarios

sedientos todavía, a pesar de la distancia,

de botines de otras guerras, cuando el hombre

la luna hubo hollado, o eso formularon dudosos

ilustrados. Cómo entender aquellos tiempos

sin abordajes. Escaramuzas descuidadas las del

cuerpo a cuerpo, ni siquiera el sexo en celuloide,

ni las vallas con músculos artificiales, ni ese híbrido

que entre las piernas escondía un abrecartas.

Deformadas las causas, piratas y corsarios violaron

el sosiego de Andrés Blanco, gritando en la borrachera

pretextos para aguijonear otra guitarra.


Texto e imágenes: Adolfo Marchena