SILLA VACÍA RECLAMA PLATO
6 jun 07

Un pescador delgado al lado dos perros
la gente escucha, este país, todo acabó,
ya llegaron los yankis y todo, todo como
en Cuba, sólo que aquí se vendieron como
se vendieron los rusos después de que
nos ayudaran y también México cuando
todo terminó pero los franceses bien nos
jodieron y el perro me mira y el pescador
me mira y todos somos cómplices de su
verdad no desesperada, de su ojos pequeños
chispeantes, sus manos aferradas, caja azul
pescado casi vivo brillando como dientes
cuando sales del dentista y todavía la
anestesia hace que babees y te alejas
y el hambre, y el día, la tarde que pasa,
que pasa a tu lado, quisieras un brazo
y te conformas con las farolas, y avanzas
en la espera sencilla de las formas que
contiene cada uno de tus objetos y si
juntas dos ciudades se conjuran dos miradas,
arrancas de cuajo todos los cables,
transportas los ladrillos, el río, el mar,
los muertos si es preciso, dejas lo inútil,
todo lo uniformado, las sotanas, las togas
y elementos que trafican desesperanzas.
Al final te vas tú solo, tú solo, más ligero
que la pulga de un perro azotada por un
viento a doscientos km. por hora.
Te detienes miras olfateas esencias
que habrás de quemar en noches de palabras
y humo, colillas extinguidas, ceniceros
ridículos que robaste en los bares.
Esperas a que llegue tu hamburguesa,
que tenga de todo le dices a la camarera,
estás solo, aún es pronto y los muchachos
las muchachas se preparan para la noche.
Mientras tú te alimentas para la noche.
desgarra estrellas de los vientres
también vendrán patatas y échale
todas las salsas que te han puesto,
y mira, esa silla vacía en frente tiene
rostro, busca, anhela rompe la armonía
porque la escena está incompleta.
Y sigues mirando, mientras comes,
engulles, esa silla, debiera haber otro
plato, manos en movimiento y otra boca
mascando, comiéndose la tarde a dentelladas.
Texto e imagen: Adolfo Marchena