Suelo bajar a leer la prensa siempre en un mismo lugar donde, poco a poco, me fui fijando en un personaje, al que ya he fotografiado, dada mi manía a extraer los rostros, las facciones, todo aquello que nos hace ser o no ser. Y hay un anciano con el que siempre coincido. Pero hoy lo he tenido al lado. Se llama Manuel y he copiado, antes de hablar, alguna frase, como cuando dice que “ el gorrión con el canto no viene, sólo con las migas. Silban en el bosque, sabes para qué, para llamar a otro pájaro”. Manuel toma un gran vaso de cerveza. Y la camarera le dice que le va a coger por las orejas. Yo siempre lo he visto con su cerveza o su coñac, taciturno, pensativo. Cuando la camarera le pregunta él responde: “y con quién voy a ir al bosque si estoy solo”. Sin embargo no suelo verle ir a las excursiones que programan en el centro de tercera edad donde se encuentra. Se queda solo, como siempre lo he visto. En las cercanías o tomándose esa cerveza que apura poco a poco. Tienes adelantado el reloj, dice. Y la camarera le contesta que el reloj está alineado. Vale, me compraré un reloj nuevo, dice Manolo, ahora no tengo pelas. Deja la conversación del bosque y habla de horarios. Sale la cocinera y le da los buenos días. “Y vas allí para que no te vean" (se refiere a la cocina) y sonríe y completa la frase, diciendo algo así como que "no se confundan con las botellas”. Desde luego que es un conocido y sólo quiere que le cuenten o tal vez, hablar. “Sin bultos se ven, sin ella no” se refiere a una camiseta de Argentina. En mi afán de fotografiar todo lo cotidiano cometo el error de no quitar el flash. Y entonces hablamos. El es de Baracaldo pero vivió en Rusia, me insiste. Pienso, todos pensamos. Y me dice que tiene muchísimos libros en casa, de aquellos que estuvieron en Rusia. Pienso en ello. Seguramente… pero en este país es mejor no hablar de algunas cosas porque todavía permanece la idea, la seducción sin sentido a todo aquello que nos parece o lejano o prohibido. Ya nos hemos conocido y estoy seguro de que Manolo me contará muchas más cosas.

Texto e imágenes: Adolfo Marchena