Amanecía de nuevo en Neptuno desde donde se divisaban los dos soles y algunos otros planetas cercanos, como Telémaco. Marchena estaba construyendo una gran antena y un aparato con el fin de, o al menos intentarlo, poder ver alguno de esos serios programas del corazón que habitualmente emiten en la Tierra. Anita estaba sentada al borde de un pequeño peñasco neptuniano. Y Silvia y Bouza se cogieron de la mano y se marcharon a dar un paseo por el bosque de la marihuana. Después de la última fiesta y el regalo de la nave de los municipales terrestres reinaba una inusual tranquilidad. A Marchena se le caía constantemente la antena y Ana miraba de reojo y no podía evitar sonreír pensando que posiblemente él mismo acabaría tirando la antena, lo que, ante la visión humana supondría una extraña estrella o un cometa o tal vez la pieza de alguna nave de los americanos o los soviéticos. A su regreso del paseo Silvia y Bouza anunciaron su matrimonio. De modo que todos se pusieron manos a la obra, con el tema de las invitaciones. El párroco vino desde Telémaco con un séquito de monaguillos vestidos de verduras. Allí era costumbre. Y vinieron de todos los planetas cercanos, con regalos y una caja de botellas de cava que encontraron en una estación humana abandonada. Nunca se había visto tanta gente en Neptuno. Silvia se puso un vestido blanco repleto de nocilla y Bouza vestía una camiseta azulgrana y unos pantalones a cuadros azules y blancos. Cuando el párroco de Telémaco terminó la ceremonia y tras el sí correspondiente, se abrieron las botellas e hicieron una gran fogata donde asar chorizo. Marchena se alejó junto a Anita, con una botella de cava. Silvia ya se había quitado el vestido y todos se relamían con la nocilla. Marchena y Ana se sentaron, como acostumbran, para mirar la lejana tierra.
- ¿El párroco ha sido un tanto extenso, no?
- Me da que sí –contestó Ana.
-Esto en la tierra hubiese supuesto un motivo de herejía.
- Me imagino que estaríamos todos excomulgados.
- ¿Y qué te ha parecido la boda?
- Pues no me ha sorprendido –dijo tranquilamente Anita.
La fiesta continuaba y aquello se estaba convirtiendo en una orgía neptuniana, que nada tiene que ver con las terrestres. Marchena y Anita se miraron. En la Tierra, nada habría sido posible.
:))))))) NO ENTIENDO NADA PERO ME GUSTA, SE PUEDE PROBAR DE ESA NOCILLA??
SALUDOS
Es muy original. Hay más...
seguid
Por cierto, qué, quién estuvo...
Me pregunto por tantos perros.
Fantástico