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Deserto de quienes nos hablan de la guerra como un buen libro.
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Deserto de los escritores que afirman haber escrito un buen libro.
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Deserto de las conversaciones inútiles, que casi todas, y me cojo un buen libro.
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Deserto de las plañideras que no saben leer y sólo llorar.
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Deserto de todas las siglas que nos llevan al rencor. Y recomiendo leer libros que no contengan siglas.
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Deserto, por último, de todo aquello que nos impide ser nosotros mismos, sin libros que nos digan cuando debemos dormirnos.
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Así que deserto de casi todo lo viviente, no de la vida, pero admito que existan personas que se meen en las normas (y no en las alfombras).
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Porque deserto de que no me dejen fumar en los váteres de los tranvías.
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Deserto, en fin, de todo lo que ya no me provoca una emoción o un orgasmo de cualquier tipo porque al fin y a cabo se trata de echarle imaginación.
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Y ASÍ DESERTAMOS DE TODO, menos de una cebra que pasa el paso peatones.
Texto e imagen: Adolfo Marchena
Tarea difícil la de desertar. ¡Qué duro es ir contracorriente! Y es cierto, casi todas las conversaciones son inútiles... aunque siempre las hay que nos enriquecen mucho, sean con personas, con libros, con nosotros mismos...
Saludos,
Excelente, renuncio a los embargos y deerto con tu determinacion. Muy bueno.
Un beso
Tu página me acontece con sorpresas. Es obvio que los desertores no se buscan, lejos ellos de todo sedentarismo, toda quietud, pero terminan siempre encontrándose en alguna migrancia, o en un blog.
Saludos.
impresionante la fotografía y de acuerdo y yo también deserto y aún más...
un gran saludo a a página
y deserto de que nos vean como a imbéciles. tienes toda la razón