Estimada, el nombre no importa porque ambos lo conocemos;

Querida D.


He mejorado un poco de salud. Cuando salgo de esta cabaña ya de vieja madera donde vivo, aislado, mas tú siempre estás presente, me acerco al embarcadero. Las noches son diferentes. En el sentido de que cada estrella parece que ha cambiado de rumbo. A pesar de todo, de eso que sabes, de lo que me acusaron, yo vivo bien aquí. Nunca lo entendí, pero siempre nos acusan. La mayor ilusión es saber que vendrás a visitarme, sabes que yo ahora no puedo viajar. Algún día, no sé, todos se darán cuenta de que la vida es más sencilla que todo cuanto creemos o al menos de esa manera torpe en que la vivimos. Sabes, mi amor, que no admito doctrinas. Pero sí creo que una piel puede crear una nueva política. Cuestión que no me tiembla. A veces, cuando te escribo me siento como un niño.

Bajé al embarcadero. Las aguas apacibles, como aquella tarde donde veíamos sacar la cabeza del agua a algún pez, algo que te gustó. Pero de fondo se veían nubes que traían no mal presagio sino una buena tormenta. De hecho hace nada ha comenzado a nevar. Es hermoso ver caer la nieve. He recogido leña para preparar una buena fogata, esas chimeneas que en alguna ocasión has disfrutado. Ya sabes que los tiempos no me gustan, ni ayer ni mañana, sólo ahora, pero todo, si queremos o lo pretendemos, tiene sus ventajas. He conseguido un libro escrito por Brassäi, al que no ponen bien el nombre. Es del 79. Se trata de Henry Miller, duro, solitario y feliz…Estudio a quien me hace recordar y no conocía este libro, además de que, ya sabes que compro en librerías de segunda mano, y éste ha resultado ser el segundo volumen. Cuando Henry se marcha de Francia y regresa a los Estados Unidos, donde, por cierto, a pesar de su nombre o su fama o lo que hizo, no es reconocido. Es curioso que pasen seis años. Supongo que todo es así en la vida. Esperar. Yo intentaré conseguir la primera parte, esa que muchas veces se nos olvida.

En ocasiones me inclino, pese a mi desgana, a buscar más allá de una frontera, más allá de ese pensamiento que nos transmite pesadillas y malas relaciones. No me refiero a todo aquello de lo que comentamos, más bien al sentido cabal de las cosas. Pero no se encuentra tan fácilmente. Y te transcribo unas palabras de Miller en boca de Brassäi: “un poco de vida, un poco de ocio, un poco de conversación auténtica, un poco de comida decente, un vaso de buen vino, un momento de olvido”

Tú que me das de comer, tú que me das un buen vaso de vino y, sobretodo, esa conversación auténtica, la que sabes decir y escuchar, la nombra y suscita. Sólo espero el día en que el tren pare y tú desciendas. Como un globo del cielo. Sé que has iniciado una tarea para potenciar mi literatura. Es admirable y en todos los sentidos no existe más ola que la que el viento trae. Y te dije, me gustas, más allá de un valor carnal, en cuerpo me gustas pero también te dije que tu palabra es hirviente. Más allá de tantos que se proclamaron héroes. Yo de momento, me refugio, encenderé el fuego y pensaré que un día el tren te llevará contigo.

Un fuerte abrazo.

Madiglani

Imagen: Adolfo Marchena